Él pudo darle a entender en cualquier momento que ella era solo un juego. Solo un minuto. Solo un estado de ánimo. Pero no lo hizo y sólo él sabe por qué. En realidad la quería.
Eran las 8:21 de la tarde del 27 de febrero . El cielo estaba oscureciendo y ellos sólo se miraron. Sólo eso. Estaban a dos metros de distancia pero parecía que estaban el uno delante del otro. Ella se mordió el labio inferior, dándole a entender que le necesitaba. Qué triste era que ella se hubiera enamorado perdidamente de él cuando él la queria (inconscientemente).
Él se humedeció los labios y la miró con mirada de tiburón.
- Yo… bueno, yo lo siento…
Él la comprendió… él también estaba arrepentido. -
- Yo lo siento aquí dentro –dijo tocándose la parte izquierda del pecho- siento que sólo late porque tú lo haces latir. Yo lo siento aquí –esta vez se tocó la cabeza- porque se me enredan las palabras cuando te quiero decir cualquier cosa. Y yo lo siento aquí –se tocó los dedos de las manos- porque cuando te acercas me tiemblan.
Él chico se quedó callado y una fina capa de lluvia empezó a impactar sobre ellos dos. A él le encantaba la lluvia, y a ella sólo le encantaba porque sabía que a él también. Eso de que te agrade algo solo para compartir más cosas con alguien. Todos lo hemos hecho.
- Yo… yo te quiero. La chica se enrojeció rápidamente y bajó la cabeza en dirección al suelo. Él sólo la miraba y estiraba los dedos de las manos.
- ¿Estás loca?
- ¿¡Eh!?
Un tremendo silencio se interpuso entre los dos y él sólo pensó que todo se estaba yendo a la mierda. Le jodía demasiado que sólo ella supiera cómo era en realidad. Que solo pudiera ser el mismo con ella. Que la única persona en el mundo que lo entendía .
- Estás loca si estás enamorada de alguien como yo. No te convengo.
- A mi me da igual que no me convengas. Yo solo quiero estar contigo.
- Te voy a herir –dijo, quitándose el agua de su frente.
- Por ti me dejaría herir una y mil veces.
Qué tonto era decir que te dejarías herir por alguien una y mil veces. Eso no es ser sincero y mucho menos inteligente.
- Estás tonta, de verdad. Será mejor que dejemos de vernos.
Sólo pensar que no le volvería a ver le rompía el corazón.
- No. Yo te quiero ver todos los días de mi vida. Todos, sin excepción. - Todos los días de tu vida son muchos. - Ya, pero no me importa. No me importa porque te quiero. Porque estoy enamorada de ti. Porque me haces querer ser mejor persona. Yo siempre pensé que enamorarse era… pues una cicatriz del destino. Y tú eres mi cicatriz preferida.
El chico hizo ver que pensaba algo pero en realidad no pensaba nada. La miró, se acercó y la besó muy ligeramente en los labios. Ella cogió su muñeca y lo separó.
- ¿Qué significa esto? –preguntó la muchacha.
- Quiero que seas la cicatriz más grande de mi vida.
Volvieron a besarse, esta vez con más intensidad y ganas. Y con más amor. Al fin y al cabo, quererse, es solo otra manera de decir adiós.


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