Un día, hacía tan solo unos meses, ella también conoció en ese bar al que durante mucho tiempo había creído que sería el padre de sus futuros hijos... ¡Ella si que era ingenua! A estas alturas de la vida empezaba a comprender que no era ni la primera ni la última víctima que se dejaba seducir por aquel prototipo de hombre.
Otra noche más sería testigo de como otra mujer cometía el mismo error, como la noche en la que ella, tiempo atrás, había decidido a aquel bajo y disfrutar del placer que le ofrecía aquel hombre. La diferencia es que en esta ocasión ella ya no era la víctima, era una simple observadora.


No hay comentarios:
Publicar un comentario